lunes, 2 de enero de 2017

Papusza de Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze.

Cartel del filme “Papusza”
© Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze


Papusza de Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze.
2013, Polonia, 131 minutos.

Este drama hiperrealista rodado en blanco y negro narra la vida, aunque no se trate de un film biográfico al uso, de Bronislawa Wajs Papusza poetisa y cantautora Romaní nacida en Polonia en 1910 que logró sobrevivir al Porrajmos. Papusza representa la lucha de una mujer por derribar las múltiples barreras a las que hubo de enfrentarse a lo largo del camino de la vida, valga como ejemplo que de niña tuvo que aprender a leer y a escribir a escondidas. Papusza desafió con ello las normas de su comunidad, y, a pesar de los castigos que sufrió por parte de su familia cada vez que era descubierta y de que le quemaran sus libros, ella se las arreglaba para continuar leyendo en secreto.

Sueños de una muñeca.
© Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze

Creció en un Tabor, grupo de Romaníes que llevaba un estilo de vida nómada y que desde hacía siglos recorría los caminos polacos a bordo de sus carromatos; hombres delante, mujeres detrás transportando en ellos las arpas con las que se ganaban la vida. Un hecho trascendental que cambiaría para siempre la vida de Papusza fue cuando en 1949, al grupo se unió un escritor polaco, Jerzy Ficowski, perseguido por el régimen comunista; gracias a él la poeta comienza a transcribir sus poemas en Romanés para que posteriormente puedan ser traducidos y publicados en polaco, con la inestimable colaboración del poeta polaco Julian Tuwim. Isabel Fonseca, en su monumento literario: “Enterradme de pie” reseña que Papusza cantaba a los bosques, a su pueblo, sobre hechos concretos que sucedían en su tabor y también, sobre las penurias que durante la guerra padecieron Gitanos y judíos. Papusza contaba 40 años cuando vio sus poemas y canciones publicados, pero, por desgracia, el éxito editorial conllevaría una desgracia personal para el devenir vital de Papusza, fue acusada de traición por revelar en su obra los secretos de la vida y tradición gitana y por ello excluida de la comunidad Romaní. Privada de sus raíces, pasa el resto de su vida aislada y olvidada.

El tabor.
© Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze

El filme relata de forma magistral la trayectoria vital de Papusza y la odisea de los Romaníes polacos a lo largo del siglo XX, a través de secuencias muy cortas que intercalan momentos en desorden cronológico que van desde el nacimiento de nuestra protagonista hasta la década de los 70. Los directores nos van presentando capítulos importantes en la vida de Papusza mientras somos los espectadores los que hemos de ordenar la trama.
           
En la película se entreteje la historia a partir del personaje principal pero se vislumbra todo un mosaico de hechos donde podemos asistir como testigos a la convivencia cotidiana entre Romaníes y gadjé, la llegada de los nazis y con ellos la persecución, el miedo, la muerte… o, tras la guerra, la prohibición del nomadismo impuesta por las autoridades comunistas y lo que esto supuso para la comunidad Romaní polaca. Pero siempre en el centro de la historia, Papusza, a través de sus canciones y poemas podemos sentir el dolor de su alma, de su pueblo, la nostalgia que provoca el mundo que se fue y sobre todo la extraordinaria belleza de la sencillez.
           
Papusza y Ficowski
© Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze

Destacar en la película tanto el guión como la calidad de la fotografía. Como expresa el crítico cinematográfico Javier Ocaña aquellas escenas más expositivas sobre la formación del mito de la poeta resultan las más prescindibles, por el contrario las absolutamente perdurables son aquellas secuencias sin texto, las rodadas en exteriores, con sus cielos nublados al acecho de las almas, una película desigual con un portentoso trabajo de luz y textura. Pedro Moral Martín expone que cada fotograma del filme resulta en sí mismo una obra de arte, donde la luz y la sombra quedan perfiladas y esculpidas con originalidad y destreza. Abundan los picados y los primeros planos, además de escenas filmadas a cámara lenta, con un ritmo contemplativo, así como también, escenas con acción buscando los directores con ello potenciar al máximo el dramatismo de la historia. Paula Arantzazu afirma que este desarrollo de la acción a través de constantes elipsis temporales busca una narrativa emocional en lugar de cronológica, sin embargo, el carácter elegíaco oculta el talento de la escritora.

Dan Fainaru, expone que estamos ante una de las más espectaculares direcciones de fotografía  en blanco y negro de los últimos años.

La historia de Bronislawa Wajs es una tragedia marcada por la rebeldía, la guerra y el rechazo de su gente.
Nadie me comprende,
sólo el bosque y el río.
Aquello de lo que yo hablo ha pasado todo ya,
todo, y todas las cosas se han ido con ello...

Soledad.
© Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze

REPARTO
JOWITA BUDNIK: Bronislawa Wajs Papusza
ZBIGNIEW WALERYS: Dionizy – marido de Papusza –
ANTONI PAWLICKI: Jerzy Ficowski
PALOMA MIRGA: Papusza de joven
ANDRZEJ WALDEN: Julian Tuwin
SEBASTIAN WESOLOWSKI:
ARTUR STERANKO: Czarnecki

Escrita y dirigida por JOANNA KOS-KRAUZE Y KRZYSZTOF KRAUZE

Producida por ARGOMEDIA SP. Z O.O. LAMBROS ZIOTAS

Fotografía de KRZYSZTOF PTAK Y WOJCIECH STARON


Música de JANKANTY PAWLUŚKIEWICZ